sábado, marzo 10, 2007

Untitled

En el camino te encontré (o quizás me encontraste tú), en aquellas tardes de soledad y anhelos. Anhelos de amores imposibles, de quimeras y abordajes, anhelos hechos de anhelo. Y en esta telaraña hiciste que descubriera la contemplación, que sólo se produjo cuando mi cuerpo, hasta entonces polvo de estrellas, se colmó sentimiento. Emergió, éste, avisando que nada volvería a ser igual, y razón no le faltaba.

Un, dos y tres. Un portal céntrico, una mirada, un beso, y puede que alguno más. El agua se hizo río, y qué río aquel, que empezó a fluir con la humedad de tu boca. Esos labios finos fueron por los que, más tarde, mis piernas brincaban en la intimidad de mi alcoba. Satisfechos como no lo estuvieron nunca.

El día oscureció, para beneficio de la duda. Y el mismo tiempo que de placer me coronó tuvo tiempo, ¿Cómo no tratándose de él mismo?, para mi destrone. ¿Cómo yo, simple mortal, había desafiado a los dioses poniendo en duda su condición?, ¿Cómo alguien había osado a probar la miel del panal de Hator? Y sobre la sombra de su sicómoro, alargada, con forma de champiñón gigante, reflexioné. No pudo caber otro recurso que no fuera el misticismo, pensé, ¿Qué otra opción cabría cuando por incapacidad se desconoce la entrada a la vida? Así que a duras penas me toco bailar con la fea, con la razón, a la que pise en no menos de tres ocasiones.

¿Te acuerdas de la mañana, seguramente repleta de aciaga lluvia, en la que no fui capaz decirte que quería quedar contigo otro día?, mis ojos huían de tu ser, y mi cuerpo trémulo se fustiga por tal impotencia. ¿Cómo ibas a acordarte si no lo viviste? Que comienzos aquellos… ¡Cuán caro un beso! Sólo el tren del olvido fue capaz de hacerme superar aquella guerra interna que se operaba en mí, a la izquierda el tímido y a la derecha el razonable. Secuelas sufro aún del primero de los bandos. Seguro que algún día las superaré.

Volvimos a quedar, con más y más frecuencia, ¡Qué lengua canalla!, ¡Qué lengua! ¿Es posible que aún conserve boca? También hablamos, cualquiera que fuera tu verdad era la mía, cuantas veces maticé tus pensamientos en mi dormitorio imaginando hacia qué lado se dirigían, y créeme si te digo, que en todos me gustabas, y me gustas, pero ya sabes, cascarrabias de mí, ahora apuntillo todo, incluso cuando no es necesario.

Por aquellos tiempos puede que sufrieras algún embuste, pero no fue tal cuando te dije que aquel cuerpo era lo más bello que había visto nunca, como hartarme del cielo, toque lo indecible y más. Y tú hiciste lo mismo. ¿Entraba tanto ardor en aquellos seres tan diminutos? Que infortunada fue mi inocencia, que casi nos costo frutos. No pude penetrar en tu ser, entonces, como tú lo hiciste en mi alma. Pero todo llego. ¿Hubo primera vez? ¡Claro que la hubo!, y las sigue habiendo sin duda.

Llego el momento, y al fin pude desentrañar parte de los secretos encrespados con los que te me aparecías. No dudo que me sentí algo desilusionado, no por lo que vi, sino por lo que pensé que dejaría de ver. Pero ¡Ay del que descubrió las indias pensando que descubrió el mundo! pobre incauto, ¡Navega hacia este, oeste, norte y sur y verás lo que es la inmensidad! Así que hubo puertos, muchos puertos. Navegué, navego y navegaré. Navegamos, navegamos y navegaremos mientras sigamos en el mismo barco. Parece que tengo a mi blanquita flor para rato. Indudablemente alguna vez encallé, y debido a mi condición humana seguramente lo volveré hacer, vi sirenas con sus cepillos áuricos y vi tantos monstruos... ¿Pero acaso esto no es parte del viaje?, que la vida no es contrato ¡Leñe! Viajamos, tanto al extranjero como al cruce de la esquina, y te digo que no volvería ni a Logroño, ni a Santander, ni a Gijón, ni a Valencia, ni a Barcelona ni siquiera a los Picos de Europa, y no volvería porque no puedo, porque lo escrito hasta aquí forma ya parte de lo que fuimos, pero no te desanimes, porque aún queda viaje, largo o corto, el tiempo lo decidirá. Y en ese camino decidiremos lo que en futuro seremos. Pero que no decaiga, que aquí me tienes, a tu lado.


2 Comments:

At 7:46 a. m., Blogger indianala said...

Cíclico, recordar lo que no fue pero sentimos.
Y la esperanza firme.
Brillante, Josu.

Besos.

 
At 5:08 p. m., Blogger SUAVE CARICIA said...

hermoso escrito, eso que el tren del olvido se encargo de la luicha entre la rzon y el corazon, genial, esa lucha que todos tenemos , la tuve y ahora con el tiempo pienso en que cuando uno ama , la razon se deja durmiendo por ahi en algun rinconcito para que solo nos dediquemos a gozar de ese amor, el amor es tereno mientras dura asi que entregate a el, y pasalo bien
dejo suaves caricias

 

Publicar un comentario

<< Home